Entre salones dorados y juegos olvidados: la historia del casino en España

Hay algo profundamente humano en el juego. Antes de las pantallas, las aplicaciones y los bonos de bienvenida, el juego vivía en salones con lámparas de araña, mesas de paño verde y el sonido seco de las fichas contra el mármol. España tiene una relación larga y apasionante con ese mundo, marcada por prohibiciones, renacimientos y transformaciones que van mucho más allá de la ruleta o el blackjack. Este artículo es un viaje por los casinos más icónicos del país y por los juegos que un día llenaron sus mesas y hoy apenas se recuerdan.

Los primeros pasos: antes de que hubiera reglas

El juego de azar en España tiene raíces profundas, aunque durante siglos fue una actividad que oscilaba entre la tolerancia y la prohibición. Ciudades como Madrid, Barcelona y Sevilla albergaban salones elegantes donde la aristocracia y la alta sociedad disfrutaban de juegos de azar en un ambiente refinado y exclusivo. No eran casinos en el sentido moderno del término; eran más bien clubes sociales donde la partida de cartas o la ruleta convivía con la tertulia, el debate político y la vida cultural de la época.

A comienzos del siglo XIX, un grupo de ciudadanos encabezado por Francisco Giner y Feliú decidió asociarse en Castellón para fundar un espacio de reunión. Huyendo de palabras con connotaciones políticas como «sociedad» o «club», decidieron llamarlo Casino de Castellón, estableciéndose en el Palacio del siglo XVIII de Francesc Tirado. Fue el primero de su nombre en España, y marcó el inicio de una tradición que se extendería por todo el territorio.

El Casino de Madrid: 190 años de historia en la Calle de Alcalá

Pocos establecimientos en España pueden presumir de una trayectoria tan larga como el Casino de Madrid. Fue inicialmente una sociedad de debate y tertulia formada en 1836 por un grupo de pensadores ilustrados. El edificio actual, construido en la Calle de Alcalá, data de 1905, obra del arquitecto José López Sallaberry, con una decoración interior de gran lujo realizada por el pintor Cecilio Plá y Gallardo.

Durante casi dos siglos, sus salones han sido escenario de encuentros que han definido la vida cultural, política y social del país. Hoy conviven en su interior el peso de la historia y una oferta de juego completamente actualizada, con ruleta americana, blackjack y mesas de póker. Es, en cierta medida, el símbolo de cómo España ha sabido preservar sus instituciones más emblemáticas sin renunciar a la modernidad.

Casino Gran Madrid: el primer casino legal de la democracia

El franquismo supuso décadas de prohibición y restricción para el juego organizado. Fue con la llegada de la democracia cuando todo cambió. Tras la muerte de Franco y la restauración de la democracia en 1977, se promulgó una nueva ley de juego que permitía la apertura de casinos en determinadas áreas. El Gran Casino de Torrelodones, inaugurado en 1981 en la Comunidad de Madrid, fue el primer casino legal de la era moderna en España.

Abierto desde 1981, acoge a medio millón de visitantes al año y cuenta con más de 750 trabajadores, convirtiéndose en la empresa más importante del municipio madrileño. No es solo un lugar de juego: con los años se ha transformado en un complejo de entretenimiento que combina gastronomía, conciertos y eventos exclusivos con la experiencia clásica del casino.

Casino Barcelona: del puerto a la Vila Olímpica

El Casino de Barcelona, inaugurado en 1978, inicialmente se ubicaba en la calle Marina, pero en 1999 se trasladó al Port Olímpic con motivo de la mejora de infraestructuras de la ciudad. Ese traslado no fue solo un cambio de dirección: fue una reinvención completa. De un espacio de unos 2.000 metros cuadrados pasó a ocupar los 7.000 metros cuadrados de los bajos del Hotel Arts, uno de los edificios más reconocibles del skyline barcelonés.

Casino Barcelona goza de renombre europeo por los torneos de póker que alberga, como el European Poker Tour, que ha convertido sus salones en lugar de encuentro de jugadores de élite. Pero el póker solo es el principio: el casino también acoge conciertos memorables, galas benéficas y colaboraciones con artistas internacionales. Es quizás el mejor ejemplo de cómo un casino puede convertirse en un referente cultural que va mucho más allá del juego.

Casino Gran Vía: un palacete centenario en el corazón de Madrid

Situado en el número 24 de la Gran Vía, el Casino Gran Vía ocupa un palacete de arquitectura singular levantado en 1924, que fue sede del Círculo Mercantil e Industrial de Madrid a comienzos del siglo XX. Tres plantas distribuidas entre ruletas, punto y banca, póker, blackjack y una coctelería que invita a quedarse. El atrio del Casino Gran Vía es uno de sus iconos, articulado por la escalera de honor realizada en alabastro natural con zócalo en mármol negro.

Lo que distingue a este casino de otros es la sensación de estar jugando dentro de un museo. Sus paredes guardan una exposición permanente con 175 fotografías históricas que recrean escenas de la vida cotidiana madrileña, algunas de finales del siglo XIX. Un casino con memoria.

Casino de Peralada: entre viñedos y música clásica

Alejados del ruido urbano, algunos casinos españoles han sabido construir una identidad propia ligada al territorio. El espectacular Castillo de Tolón, ubicado en el centro del condado de Peralada, es la sede de este singular casino. Ha pasado por varias etapas, incluida su destrucción durante la invasión francesa del Ampurdán, hasta que en 1979 se inaugura como concesión para abrir un casino y bodega de vinos. Está rodeado de hermosos jardines que abren sus puertas dos veces al año para servir de sede al reconocido Festival Internacional de Música de Peralada. Una combinación que no existe en ningún otro lugar del mundo: fichas, vino y Mozart bajo las estrellas del Alt Empordà.

Los juegos que ya no están: cuando la mesa se quedó vacía

Visitar un casino histórico invita a preguntarse también por todo lo que ya no está. Porque los casinos no solo han cambiado de edificio o de ciudad: también han cambiado sus juegos. Algunas mesas que durante décadas fueron el centro de la acción han desaparecido silenciosamente, sustituidas por variantes más rápidas, más rentables o simplemente más populares.

El Chemin de Fer, la versión original del bacará es quizás el ejemplo más representativo. En esta variante, la banca va rotando de jugador en jugador, y en determinados momentos tanto el jugador como la banca tienen derecho a decidir sobre el reparto de la tercera carta. Era un juego de ritmo lento, cargado de rituales y de un cierto teatro aristocrático que formaba parte de su encanto. El acento refinado que le habían aportado los franceses se mantuvo durante décadas, siendo extraño ver a un jugador que no portara traje o ropa elegante para practicarlo. Hoy es casi imposible encontrar una mesa de Chemin de Fer en un casino español. La versión que sobrevivió fue el Punto y Banca moderno, más rápido y manejado enteramente por el crupier, que eliminó los tiempos muertos y el componente de decisión del jugador.

El Trente et Quarante, también conocido como Rouge et Noir, es otro fantasma de las mesas europeas. Este juego de cartas de origen francés del siglo XVII se registra ya en 1694. Es un juego sencillo que habitualmente ofrece al jugador un retorno esperado de más del 98%, pero raramente se encuentra en casinos fuera del continente europeo, siendo más popular en Francia, Italia y Mónaco. En los grandes casinos españoles de los años ochenta y noventa era posible encontrar alguna mesa de Rouge et Noir, pero la presión de juegos más dinámicos y la falta de jugadores familiarizados con sus reglas fue empujándolo hacia la irrelevancia.

El Bacará de alta mesa, con todo su ritual de sabot, paleta y ceremonia en el reparto de cartas, también ha desaparecido en gran medida. En su versión clásica, las mesas estaban reservadas para grandes apostadores que podían comprometer decenas o cientos de miles de euros en una sola mano. La llegada del Mini Bacará en los años ochenta y su posterior digitalización lo democratizó por completo, pero en el proceso perdió buena parte de su magia. Hoy el bacará es uno de los juegos más jugados del mundo, especialmente en Asia, pero la ceremonia que lo rodeaba ha quedado en los libros de historia.

El billar de casino, que no es un juego de azar sino de habilidad, era parte habitual de los grandes casinos del siglo XIX y principios del XX. El propio Casino de Madrid, en sus orígenes, tenía mesas de billar como parte de la oferta de entretenimiento. Con la profesionalización del juego de azar y la aparición de la normativa moderna, estas actividades fueron desapareciendo de los salones para dar paso exclusivamente al juego regulado.

Del salón al smartphone: la herencia que persiste

Lo curioso es que muchos de estos juegos no han desaparecido del todo: han mutado. El bacará, el punto y banca, variantes de la ruleta francesa que apenas sobrevivían en algunos casinos físicos han encontrado una segunda vida en el entorno digital. Los casinos online han recuperado mecánicas antiguas, las han vestido con interfaces modernas y las han puesto al alcance de cualquier jugador desde su teléfono.

Los grandes casinos físicos de España, por su parte, siguen siendo mucho más que salas de juego. Son edificios con historia, con identidad, con una capacidad para generar experiencias que ninguna pantalla puede replicar del todo. El Casino de Madrid con sus techos pintados a mano, el Casino Barcelona frente al Mediterráneo, el Castillo de Peralada entre viñedos: cada uno cuenta una historia que no cabe en una aplicación.

La próxima vez que entres en un casino, ya sea físico o digital, vale la pena detenerse un momento y pensar en todo lo que había antes. En los jugadores que apostaron en esas mismas mesas hace cien años, en los juegos que ya no existen y en los que aún resisten el paso del tiempo. El azar no cambia, pero la forma de jugarlo sí.

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